17-11-2016 A Cheste (Bar Torrijos)
Dos más dos, empiezan siendo cuatro,
pero al olor del almuerzo se convierten en seis
V.
Casanova y Carlos por la banda del Pont y José Manuel y Enrique por la del
Palau. Tras arrejuntarse, sin preámbulos,
tonterías ni discusiones, enfilan rio arriba el caminito del Bar
Torrijos.
El
trayecto, a la ida lo comienzan por el encantador camino consistente en
atravesar primero Mislata, por sus bellas y tranquilas calles. Cruzar después
al final de la Av. Del Cid por un hermoso puente peatonal con amables
viandantes que se apresuran a apartarse en cuanto nos ven. Cruzar después a
Chirivella, por otro precioso puente peatonal lleno también de felices paseantes que se dirigen alegremente a
trabajar y que también vitorean a nuestro paso. El colmo del deleite se produce
cuando transitamos por en ancho, cómodo, adorable y bien trazado carril bici de
Chirivella. El desparrame orgásmico acontece poco después al atravesar Aldaya por
su primorosa y larga acera a la que algunos bienintencionados llaman Ruta Ciclista
del Barranquet.
Una
vez salidos al triste y vulgar campo, para darle mayor atractivo al paisaje nuestros
protagonistas se van rápidamente a buscar la mierda, junto a la cual mean
mientras aspiran sus delicados aromas disfrutando de todos sus múltiples matices.
El
resto del trayecto no tiene más historia que unas cuantas cuestas, que hacen
las delicias del personal, pero que saben a poco por lo que Vicente hace gala
de su gran capacidad de liderazgo y se esfuerza en complacernos a todos
buscando y encontrando un nuevo camino con alguna dulce cuesta más de propina.
El
almuerzo, al que se incorporan Luis y Pepo, de sobresaliente cum laude y cum de
todo. Entre bocado y bocado se pagan deudas y haciendo gala de la gran
tolerancia de nuestro nunca suficientemente bien ponderado grupo, cada cual
pudo decir todas las tonterías que le vinieron en gana sin que nadie pusiese la
más mínima traba.
El
regreso prometía ser un tranquilo, anodino y vulgar descenso hasta Valencia,
pero entonces volvió a surgir la enorme capacidad de liderazgo de Vicente, que
nos condujo con mano firme primero a la Urbanización Olimar y después, a tota
virolla y evitando en todo lo posible el aburrido asfalto, para amenizarlo
buscando los caminos más pedregosos, terrosos y bacheados que fue posible
encontrar. Fue verdaderamente eficaz en su búsqueda y entre deliciosos botes nos
dirigimos a Valencia.
A la
entrada en Valencia Carlos propuso invitarnos a cerveza debajo de su casa, pero
José Manuel y Enrique sibilina y discretamente escurrieron el bulto y dejaron a
Carlos y Vicente en amor y compañía.
José
Manuel y Enrique al poco se despidieron y no hubo nada.
Lo
que pudiese acontecer entre Carlos y Vicente es cosa exclusivamente suya y a
nadie le importa lo mas mínimo.
Al
llegar a su casa, al cronista el cuenta le marcaba 70.2 Km. En el horario no se fijo, pero así a
ojo estima 3:30 h. Si alguien tiene un dato mejor, que lo diga.
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