3 de marzo de 2015

martes 3 de marzo de 2015



Martes 3 de marzo de 2015

La Cañada

Mañana de primavera con rocío sólido y caloreta. Salvo Manolo V. y Alfredo toda la tropa al completo reunidos a la altura de las torres de Serrano.
Enrique a petición de Carlos sugiere sin ninguna duda la ruta: rio Beniferri antiguo campo de entrenamiento del ejercito en Paterna y La Cañada.
Para allá que vamos a la marcha que utilizan los guiris que vienen por Valencia. Estábamos por el principio de los terrenos exmilitaris cuando caemos en la cuenta que el grupo se ha reducido en una unidad, faltaba Enrique. Se había quedado a la altura del cuartel con la rueda pinchada (si otra vez, alguien con muy mala leche le ha echado un mal de rueda…), mientras Luis, Carlos y yo vamos a echarle una mano el resto del grupo hace tiempo recorriendo los senderos de piedra.
Todos reunidos nos dirigimos hacia la cima por unos divertidos senderos. Llegados a un llano vemos a Vicente P. intentando subir un margen de metro y medio y quedándose sin resuello para culminar, tirar hacia abajo marcha atrás con gran maestría pero llegado al llano perdió la maestría y la verticalidad, en definitiva, al suelo encima de la bicicleta. Repaso de daños, nada grave, pantalón con un siete y orgullo con desgarrón.
Seguimos hacia la antigua carretera de Liria y en la parada antes de salir al asfalto, Enrique se suelta correctamente la cala de un pie pero inexplicablemente la bicicleta se inclina hacia el lado contrario, resultado: Enrique al suelo, repaso de daños: rodilla con siete y desbordamiento sanguíneo (Enrique vuelve a la época infantil cuando llevábamos las rodillas hechas polvo).
Y sin novedad llegamos a La Cañada al bar de la estación donde tenemos un agradable almuerzo y una entretenida sobremesa. Entonces Enrique con un don profético nos dice que bajamos al río por los caminitos del bosque y que alguien más caerá, no él que ya tiene el cupo. Increíble pero nadie se cae en esos caminitos, salvo Enrique que en un momento determinado se ha cabreado con la bicicleta y se han separado: Enrique corriendo por un sendero y la bicicleta por otro.
Llegados a la altura de Manises Vicente P. se baja de la bicicleta de lado, vamos que de lado todo lo largo que es: repaso de daños, orgullo con nuevo desgarrón y “si aci no hi havia cap escalo…”. A la altura de Paterna Pepe se separa para dirigirse a su casa, en pasarela de hierro Vicente Cas. se va por el caminito del cauce nuevo, y en el parque de cabecera Vicente P. se retira. El resto, como buenos parroquianos, a las amigas a tomar un humilde zumo de cebada.

Agradable paseo por las cercanias de Valencia

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