7 de agosto de 2014

DESPEDIDA VERANIEGA EN PINEDO

     Hoy sabíamos que se trataba de la última salida en grupo antes de agostar por unas semanas por los compromisos veraniegos de unos o por motivos personales de otros. De hecho, Vicente ya tiempo que no puede rodar, Pepe Marzal ya se encuentra desde hace tiempo en Algimia, Carlos nos dejó por una confusión, Manolo Velasco está en su querida Extremadura, Alfredo anda por tierras de Languedoc a ver si se le pega algo de los Cátaros, Luis y Manolillo continuarán unas semanas más en el Mareny, Vicente C. esperemos que se pueda ir de viaje sin la máldita piedra en el riñón, Enrique se va huyendo del calor, aquí cerca, a Canadá, y Casanova intentará coger el toro por los cuernos o con una cuerda en Chiva.
     Tras juntarse Enrique y Casanova en el Agora fueron al encuentro de Luis y Manolillo poco antes del lago del Saler. Allí se decidió dar una vuelta al lago, mejor dicho un rodeo, ya que si le hubiéramos dado la vuelta al lago se hubiera caído el agua. Todo para hacer un poco de tiempo antes de volver hacia Pinedo donde habiamos decidido almorzar.
      Como era un día de celebración, en las torres de la Gola Casanova decidió dejar el minoritario grupo e ir por la senda que hay junto a las torres de apartamentos y reunirse a la entrada del camino de tierra con el grupo. Y lo celebró con una caída en toda regla al engancharse el manillar en una mata de lentisco y dar una vueltecita de campana que los compañeros no pudieron aplaudir al ir sólo. Esto retraso su encuentro con el resto y alarmó especialmente a Manolillo que volvió a ver si le había ocurrido algo, pero se cruzaron. Una vez llegó Casanova al encuentro y Manolillo regresó de su búsqueda, todos contentos y cantando hacia Pinedo.
      Pero como era un día especial había que seguir celebrándolo, y Casanova protagonizó llegando a Pinedo la segunda caída del día al meter la rueda delantera en un surco, que le hizo caer sobre la rueda trasera de Luis provocándole una quemadura en todo el costado y el correspondiente susto al resto. Pero seguimos hacia la meta que ya estaba cerca.
      En Pinedo y durante el almuerzo Enrique sacó a relucir su experiencia y sabiduría y con una servilleta empapada de whisky curó la herida de Casanova,


no sin antes esgrimir el correspondiente grito del vaquero cuando le cauterizan la herida. Y hablando de vaqueros decir que también celebramos el día tomando 3 o 4 vaqueritos cada uno. Al final no sabíamos ni contar. Como Luis me pasó las fotos del pasado Martes las adjunto en la crónica de hoy por que son muy chulas. Si Casanova hubiera rezado con se ve en la foto hoy no se hubiera caído.


Luis y Manolillo hacia Mareny, y Enrique y Casanova hacía Valencia. En ese pequeño trayecto Enrique le confesó que no sabía como se llamaba, donde íbamos o si le dolía la herida.

Vuelta de 42 Km. en 2:25

¡Hasta la vuelta a todos!

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