Salimos hacia el encuentro de Manolillo y Luis por la ruta del Saler. Y al llegar por la Gola aalí aparecieron en compañía de una amigo, Rafa, que ya conocían casi todos. Sin más dilación que la necesaria por las presentaciones de rigor nos dirigimos a atravesar el lago, por los alrededores, no por el medio, y de allí al Casal d´Esplai a cumplir con lo acordado el último día, es decir, un baño matutino antes de almorzar. Creo que todos nos habíamos cogido bañador, pero no hizo falta. Como cuando empalmábamos (de fiesta yeee, no otra cosa) y salíamos de Spook, Chocolate o Barraca, lo hicimos en pelotas. ¡Qué tiempos aquellos!. Lo negativo de este maravilloso momento es que a Manolillo no le apeteció tomar el baño y no le vimos el MORCÓN. El agua de maravilla y la de la ducha también.
Una vez nos despojamos de la pegadiza arena y nos acondicionamos de nuevo para ir en bici, se acordó en un alarde de solidaridad, flexibilidad y tolerancia, ir a almorzar donde sugirió el Yoda (Enrique el sabio), al Mallador (junto al camping del Saler o junto donde hacen los exámenes de conducción).Una vez en esa maravillosa terraza, acompañados de esos gorriones descarados, con el sol oculto para no pasar calor y con la compañía de las aspirantes al carnet de conducir, nos pareció estar en la gloria. Pedimos el bocadillo típico del lugar (el che que bo), compuesto de tortilla de atún con queso y cebolla. Bueno Manolillo pidió otra cosa para llevar la contraria, como siempre. Mientras debatíamos la existencia de los Cátaros apareció otro amigo (Josa o Cosa), vecino o yo que sé, de Luis y Manolillo. Como si del programa Sálvame de Luxe se tratara, en pocos minutos supimos, los que no lo conocíamos, que tenía pasta, se había comprado una moto que te cagas, era un empresario reconocido, iba en bicicleta de la hostia y se había dado alguna hostia grave con el coche. ¡Y luego decimos de les dones!
Como además de solidarios, flexibles y tolerantes, somos espontáneos, lo programado para el Jueves en Algimia se aplaza hasta nuevo momento. Y eso que Manolillo se había hecho el ánimo de madrugar para coger el tren.
Tras algún chupito de más, de ahí que saliéramos a diez euros por comensal, comenzamos el regreso a nuestros aposentos. Manolillo, Luis y Rafa hacía Mareny, escoltados por Josa o Cosa con su deslumbrante Ducatti. Y los más pobres, Enrique, Vicente C., Alfredo y Casanova, hacia Valencia.
45 Km. en 2:28. Luis que ponga lo que quiera en el fichero. Os recuerdo que los pinchazos "in itinere" no cuentan.

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